lunes, 3 de abril de 2017

La cárcel de papel del lenguaje futbolístico

Cuando se realizan comparaciones entre buena parte de los periodistas que se dedican al fútbol en medios gráficos y audiovisuales en la actualidad y aquellos que ejercieron la profesión hace varias décadas, una de las principales e inmediatas conclusiones es terminante: cada vez se habla y se escribe peor, con clichés, muletillas y hasta frases chabacanas que ofenden la inteligencia humana y el idioma. En ese sentido, ofrecemos, extraído de la página web Idioma y Deporte, los pormenores de un juicio que se les hizo en España a algunos de los disparates lingüísticos que se suelen emplear en los medios periodísticos deportivos de aquel país, varios de los cuales se repiten en el Río de la Plata. Son apenas un reducido número de una lista muy extensa.

Por Pgarcía


(Pgarcía es uno de los seudónimos que suele utilizar José García Martínez-Calín, nacido en 1932, actual presidente de la Academia de Humor española y creador de su revista “La Golondriz”, novelista, guionista cinematográfico y televisivo.) 

 Reunido el Tribunal Superior de las Buenas Letras de la Academia de Humor a petición de la Fiscalía General de "La Golondriz", para someter a consideración los dislates que se cometen en nuestro lenguaje por parte de los informadores futbolísticos, examina las siguientes expresiones: al túnel de vestuarios, autopase, cero a cero en el marcador, doble amarilla, envergadura, ganar por goleada, punto fatídico, sacar el córner y zapatazo.

El señor Fiscal expone lo siguiente:
Autopase
Dentro de los errores semánticos que difunden los periodistas deportivos está el del autopase. Un jugador lleva la pelota; otro le obstruye el camino; entonces el primero lanza el balón fuera del alcance del interceptor, corre a base de bien y lo recupera para continuar jugando el esférico. Entonces el narrador exclama, admirativo: "¡Y Figo ha burlado a Marchena con un magnífico autopase!" Pero es que el autopase no existe. "Pasar" significa "trasladar" y en el juego del fútbol "trasladar el balón a otro", y "auto" un prefijo compositivo que equivale a "por uno mismo". De donde se deduce que el autopase es un exceso verbal reñido con el estricto sentido de la palabra.

Cero a cero en el marcador

Esta es una expresión que se escucha con frecuencia a los locutores radiofónicos y televisivos y, sobre todo, al jefe de deportes de Televisión Española, don José Ángel de la Casa, que la ha venido colocando no menos de tres docenas de veces desde que se dedicó a la transmisión de encuentros de fútbol. Se utiliza periódicamente a lo largo de la narración para situar a quien se haya unido con retraso a la audiencia de cómo van las cosas y sume en la perplejidad al público exigente con la precisión lingüística. Dicen: "En estos momentos el resultado es de cero a cero (o uno a cero, o el que sea) en el marcador". Y la gente normal se pregunta: ¿por qué esa precisión de "en el marcador"? ¿Existe otro resultado que no se refleja en el marcador? ¿En qué soporte se anota el resultado, que, de la expresión del locutor, debe estar registrándose? A la gente citada la expresión de “en el marcador” la llena de zozobra.

Doble amarilla 

En el capítulo de atentados al lenguaje en el terreno deportivo está el de la doble amarilla. Es frecuente escuchar: "Fulanito se va a la calle por doble amarilla", para indicamos que Fulanito es expulsado del terreno de juego tras cometer una falta. Mas ocurre que el Reglamento señala que la expulsión vendrá motivada por recibir tarjeta roja por una falta grave, o dos amarillas por sendas leves en el transcurso del mismo encuentro. Y como "doble es aquello que contiene dos veces un mismo objeto" la doble amarilla no existe. Ni hay amarillas dobles, ni "dobles rejas". Por lo menos hasta el momento.

Envergadura

He aquí una imprecisión muy frecuente: la de referirse a un futbolista alto o recio como de gran envergadura. La definición exacta de envergadura es "distancia de los brazos humanos completamente extendidos en cruz", de donde se deduce que un sujeto bajito pero con los brazos muy largos puede ser jugador de gran envergadura y un futbolista de dos metros pero bracicorto será jugador de pequeña envergadura. A los individuos grandotes el calificativo que les cuadra es el de "corpulentos" ("corpulencia = grandeza y magnitud de un cuerpo"). Pero, por extrañas motivaciones que escapan a nuestra percepción, los profesionales de la descripción futbolística, son muy reacios a emplearlo en favor de la exactitud.

Ganar por goleada


Este Ministerio Fiscal se enfrenta a uno de los términos que más discrepancias presenta entre su uso habitual y los seguidores serios de las definiciones de la Real Academia Española: el de goleada, y su expresión más directa de ganar por goleada. Además, ha evolucionado con el tiempo.
En la vigésima primera edición del citado Diccionario se explica: "Goleada: acción o efecto de golear". Y "Golear: en el juego del fútbol, hacer un gol un jugador o su equipo, especialmente con reiteración". Según esto, un resultado de 1-0 ya sería una goleada, y 2-0 mucho más, reconocida la reiteración. Pero, de acuerdo con la RAE, 1-1 y 2-1 también pueden ser calificados como goleadas. Y un 4-4, desde luego, tiene mucha reiteración en los goles. Sin embargo, hasta la fecha, nadie que este Ministerio sepa ha hablado de empates por goleada.


Por otra parte, en los años 40 y 50 del siglo pasado (que es hasta donde se remontan las investigaciones de esta Fiscalía), las crónicas deportivas sólo calificaban de goleadas los resultados muy abultados: 5-0 o 5-1; 5-2 ya no merecía la denominación de goleada. Luego los comentaristas abrieron la mano y cuatro goles ya eran una goleada. Y en la actualidad, dados los marcadores finales más bien escasos, consecuencia de tácticas más cerradas y defensivas, el colocar tres veces el balón dentro de la portería ya merece tan estrepitoso calificativo: "El equipo de Ranieri, goleado. El Zaragoza le hizo tres al Valencia". Claro que, aunque hubiese perdido por un solo gol, también habría sido correcto aplicarle la condición de goleado. Lo avala la Real Academia.


Punto fatídico


El calificativo de fatídico suele aplicarse gratuitamente al punto de penal. Cuando se señala tal falta los narradores de los encuentros, conscientes del dramatismo del momento, suelen utilizarlo para reflejar la emoción del evento: "Salva coloca el balón en el punto fatídico... ". Pero, si bien se mira, el punto nunca será fatídico; fatídica podría ser la falta ya que "fatídico es el anuncio de una desgracia", y aún en el caso del penal la desgracia implícita que puede conllevar es ambivalente; resultará un lance afortunado para el equipo del ejecutor de la falta si marca el tanto, y desdichado para el contrario, o viceversa, si lo falla. Así que "punto de penal", correcto. De punto fatídico, nada.


Sacar el córner


He aquí otra formulación gramaticalmente punible: la del narrador que, después de que el balón haya pasado la línea de meta de un equipo impulsada por un jugador del mismo, anuncia que la falta cometida es córner, que se dispone a ejecutar Mengano. Y lo anuncia así: “Mengano se dispone a sacar el córner”... Y resulta que córner, en lenguaje futbolístico, equivale a "saque de esquina". Sí dijera lanza el córner el Ministerio Fiscal nada tendría que objetar, pero la fórmula “saca el córner” merece su reprobación porque está expresando que saca el saque con cual comete redundancia, falta que, por desgracia, no está sancionada con tarjeta en el Reglamento.


Zapatazo


Otro atentado contra el correcto empleo de la palabra cometido con harta frecuencia por los especialistas del deporte futbolístico: el del zapatazo. Han sido célebres los zapatazos de Femando Hierro en sus tiempos madridistas (y no digamos los de Roberto Carlos), al ejecutar ciertas faltas bastante alejadas de la portería contraria pero buscando decididamente el gol pese a la distancia que mediaba: "¡Y Roberto Carlos mete un zapatazo impresionante!” No debemos ignorar que "zapatazo es el golpe dado con un zapato" y los famosos futbolistas citados no se quitaban la bota y la empuñaban golpeando con ella el balón, sino que, eso sí, lo impulsaban con gran fuerza con el pie convenientemente calzado. Y a eso se llama sencillamente "chutar". Leamos el Diccionario de la Real Academia Española: "Chutar: en el fútbol, lanzar fuertemente el balón con el pie". Los zapatazos, metafóricamente hablando, se los propinan ciertos periodistas al vocabulario.
Una vez escuchado el Ministerio Fiscal se concede el turno de réplica a la defensa. Y como ésta nada argumenta en contra de lo expuesto, el Tribunal falla considerando dislates futbolero-lingüísticos las siguientes expresiones: autopase, cero a cero en el marcador, doble amarilla, envergadura, ganar por goleada, punto fatídico, sacar el córner y zapatazo.


En la Academia de Humor, a uno de febrero del año 2005.

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